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FINCA LAS TRES
HERMANAS ES CERTIFICADA
CON ALTOS INDICES
DE VIOLACIONES LABORALES
La finca las tres
hermanas inicia sus operaciones en el año 2005, en el mismo lugar donde
funciono finca Agropecuaria Surco, su prospera plantación fue desvastada
con el paso de la tormenta Gamma (2005), también este fenómeno natural
se llevo entre sus aguas turbulentas el sindicato a través del cual los
trabajadores/as alcanzarían sus sueños, y esperanzas.
Desde esa fatídica
fecha el banano producido en esta finca tiene un sabor que lo diferencia
de los demás en la región, pues el mismo es fertilizado por los bajos
salarios, las presiones y las extensas jornadas de trabajo a las que son
sometidos los trabajadores/as.
En esta finca no se
reúnen todos los requisitos y condiciones que las Certificadoras
tienen en sus normas, o es el “modelo ideal de empresa” que se
quisiera certificar con las mas altas calificaciones por violentar
derechos laborales.
Aquí como toda
empresa esta primero la producción y la ganancia, el bienestar social es
el ultimo de la larga lista de “prioridades”, la salud es calificada
como un costo y todo lo que tenga que ver con el trabajador/a.
El medio ambiente
es un tema que se visibiliza cuando hay una visita especial de los
auditores a la plantación y una vez auditada, desaparece del calendario
de actividades y junto a la verde ranita se retoma las prácticas de
aplicación de agroquímicos sin implementos de protección adecuados,
irrespetando el horario para poder entrar a la finca o simplemente
rociando veneno en las cuadrillas de hombres trabajando sin control
alguno.
Esta finca
proveedora de Chiquita en Honduras, pretende hacer creer que sus
productos, son procesados por trabajadores/as sindicalizados y con todas
las normas exigidas por el mercado, al llevar el mismo sello y
certificación, de las fincas propias de esta que si están
sindicalizadas, como cientos de fincas en América Latina.
La alianza entre
Chiquita. y Las Tres Hermanas las convierte en co-responsables de todas
las violaciones laborales contra los trabajadores/as y avaladas por las
empresas Certificadoras, que en el marco de una doble moral, certifican
igual, una finca sindicalizada y con contratación colectiva, de otras de
productores sin sindicatos, sin contratación colectiva y con múltiples
denuncias de violaciones laborales.
Entendemos que las
Certificadoras son responsables de vigilar que el producto que
llega al consumidor final, tenga las garantías que: es producido por
trabajadores/as que reciben un trato justo y que sus derechos laborales
son respetados, que la libre sindicalización es permitida, que la
estabilidad laboral es garantizada y que el medio ambiente laboral es
fundamentalmente exigente en proteger la salud humana.
El solo hecho que
una empresa como las Tres Hermanas con esta cadena de violaciones
socio-laborales, pretenda que una firma certificadora la certifique como
cumplidora de sus normas; tanto esta como aquella estarían incurriendo
en el peor de los engaños al consumidor final, a los organismos de
derechos humanos y a los organismos internacionales defensores de los
derechos laborales, quienes siempre han enarbolado la bandera de lucha
por los derechos laborales y contra las peores formas de explotación.
Podría decirse que muchas empresas seducidas por la moda de la
certificación, deciden la implementación sin estar culturalmente
preparadas para convivir en un ambiente laboral digno y justo. Muchas de
ellas no han solucionado asuntos menores tales como la calidad de baños
de sus empleados, las bodegas de los químicos, la seguridad de los
trabajadores/as, un sistema de señalamientos previniendo algún peligro o
el
mejoramiento de los implementos de protección, etc. Hay empresas que
entran en el proceso de certificación y mantienen una cantidad de
equipos obsoletos, espacios inapropiados, costumbres de mando y de
dirección
irregulares, bajos salarios, negación a un mejor sistema de salud,
jornadas de 12 horas diarias y otras que estamos cansados de denunciar.
Un consultor o auditor de firmas certificadoras, puede ver que muchas
empresas certificadas como Las Tres Hermanas, lo único que
lograron fue "un certificado", el cual se convierte en un aval para
seguir violentando derechos laborales, sin importarle la suerte de
cientos de trabajadoras, que con ojos de miseria ven, que con su
esfuerzo también se ha pagado a la certificadora, para que esta le
niegue una mejor forma de vida, en el marco del respeto a las leyes
laborales.
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