A las seis de la mañana, una filtración del
río Chamelecón empezó a anegar calles, viviendas
y negocios del centro de La Lima, reviviendo el
fantasma de las inundaciones.
Los pobladores y comerciantes de la colonia
Cuatro de Julio, ubicada en la zona del
comercio, empezaron a movilizarse desesperados
para sacar sus pertenencias. Nunca imaginaron
volver a vivir esta pesadilla.
En pocas horas, las autoridades alertaron
para que evacuaran las zonas de mayor riesgo; la
voz se corrió por todas las comunidades de la
ciudad del Oro Verde.
Los vecinos comenzaron a salir de sus casas y
se aglomeraron en el puente que de Lima Vieja
conduce a Lima Nueva para verificar con sus
propios ojos lo que sucedía en pleno centro del
municipio.
Aún los propietarios de negocios que no están
inundados cerraron sus puertas como medida
preventiva.
"Hay una compuerta dañada en el canal de
aguas negras y eso también nos daña en esta
zona", expresó Carlos Guerrero, uno de los
afectados.
A medida que las horas pasaban la angustia se
incrementaba con el anuncio de más crecidas del
río Chamelecón.
"No hemos podido pegar un ojo, tenemos que
estar chequeando el río", señaló Nelson Flores,
residente de la colonia 23 de Septiembre, donde
también se ha filtrado agua en varias viviendas.
Los limeños no sólo fueron víctimas del río
Chamelecón. En las zonas bajas, el Ulúa hizo de
las suyas.
Los habitantes de las colonias 17 de Enero,
Jerusalén, Buen Samaritano, San José, El
Paraíso, Montevideo y La Rosa se vieron
obligados a abandonar sus viviendas.
"En estos casos sólo nos queda tener fe y
pedirle a Dios que deje de llover. Como buenos
cristianos es lo que podemos hacer", dijo Alba
Mirian Calderón, quien fue auxiliada por
elementos de la 105 Brigada de Infantería.
El ama de casa relató que a eso de las 2.30
de la madrugada el patio de su vivienda ya
estaba inundado.
Hasta las seis de la mañana, los militares
llegaron a brindar apoyo y, junto a toda su
familia, decidió movilizarse hacia el bordo.
Orlando Ayala, teniente de esta institución,
dijo que han tenido problemas para evacuar a las
personas, pues aceptan la ayuda hasta que tienen
el agua al cuello.
"La gente no se quiere ir, nos ha tocado
sacarlos casi a la fuerza con orden de las
autoridades municipales", lamentó el militar.
Los damnificados
Hasta ayer por la tarde, la lista de
damnificados en La Lima sumaba unas 400
familias.
También se logró ubicar en los albergues a
más de 200 personas, entre niños, mujeres y
hombres.
La alcaldesa Dilcia Fernández informó que
cuentan con dos albergues con capacidad para más
de 500 familias.
"Tenemos el Polideportivo Chulavista y la
escuela Esteban Guardiola listos para recibir a
todos los afectados. Ahí permanece personal del
Comité de Emergencia Municipal, Codem, que
levantará listas para llevarles víveres", señaló
la funcionaria.
Pero no todos los pobladores accedieron a
trasladarse a los albergues, pues temen que los
delincuentes aprovechen la situación y se roben
los artículos que dejaron amarrados sobre el
techo de sus casas.
La mayoría optó por permanecer en champas de
plástico, bambú y cabuya en los bordos y a
orillas de la carretera.
Inundaciones en San Manuel
El río Ulúa también causó estragos en varias
comunidades de San Manuel.
El pasado lunes se reportaron más de 2,500
personas damnificadas de las colonias Guadalupe,
Liberación, El Campín, Flor de Oriente y
Movimiento Campesino.
Ayer se sumaron a la lista de los
damnificados los pobladores de la 22 de Junio,
Gracias a Dios y Real del Campo.
En la 22 de Junio, los vecinos perdieron
cultivos de yuca, maíz y plátano.
"No puedo ir a trabajar porque tengo que
cuidar de mi familia y los artículos que
logramos sacar de nuestra casa", expresó Edgardo
Raudales, quien trabaja como guardia de
seguridad.
Raudales relató que cada año sufren la misma
pesadilla y nadie se interesa por resolver los
problemas que enfrentan en la temporada
lluviosa.
A pesar del llamado de alerta para abandonar
las zonas de riesgo en ambos municipios, muchos
aún permanecen en sus hogares guardando la
esperanza de que las lluvias cesen y regrese la
calma.